11 junio 2026
Hay canciones que no desaparecen. Permanecen escondidas en viejos reproductores, en carpetas olvidadas de Spotify o en la memoria de quienes crecieron cantando a pleno pulmón aquello de Nada que perder. Basta que vuelvan a sonar los primeros acordes para que regresen también los veranos, los viajes en coche, los primeros amores y aquella España que descubría que tres amigos podían convertirse en la banda sonora de toda una generación.