Hay canciones que no desaparecen. Permanecen escondidas en viejos reproductores, en carpetas olvidadas de Spotify o en la memoria de quienes crecieron cantando a pleno pulmón aquello de Nada que perder. Basta que vuelvan a sonar los primeros acordes para que regresen también los veranos, los viajes en coche, los primeros amores y aquella España que descubría que tres amigos podían convertirse en la banda sonora de toda una generación.

Este 13 de junio, el Festival de la Raqueta de Madrid se prepara para uno de esos conciertos que trascienden la música para convertirse en un ejercicio de memoria colectiva. Pignoise regresa a los escenarios madrileños con la capacidad intacta de reunir a miles de personas alrededor de un repertorio que forma parte del imaginario popular de los años 2000.
